miércoles, 26 de agosto de 2026

LA BRUJA Y EL ANGEL Y EL GRILLO

 grillo

Música porque sí, música vana,
como la vana música del grillo,
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.

¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta mañana?

¡Qué bien suena la flauta de la rana!
Pero no es son de flauta: en un platillo
de vibrante cristal de a dos desgrana

gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quien tiene el corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!

 
Drama nocturno

El niño duerme y en su frente pura
son los bucles de humo vagoroso y dorado,
y en su mano de rosas asegura
el sonajero de reír cansado.
En la alcoba infantil, como en un nido,
cubierta con el ala la pensativa frente,
el Ángel de la Guarda se ha dormido;
mas la luz de sus ojos dulcemente
atraviesa los párpados y el ala.

En la estancia contigua,
como sabe que nadie puede oírlo
el cucú del reloj canta la antigua
canción que en Nuremberg cantaba un mirlo.
De pronto salta un duende por la abierta ventana
y trota hacia el espejo con trote de ratón,
tiene los pies de lana
y en la mano un pedazo de carbón.
Adopta una postura lo más ceremoniosa
ante el espejo, luego se hace un guiño
y ríe con su risa feliz de anciano niño
que le llena de hoyuelos las mejillas de rosa.

Después en la pared más ancha de la alcoba
con el trazo infantil de su carbón dibuja
una imponente bruja
cabalgando en su escoba.
Una bruja que tiene feas patas de cabra
y un mochuelo posado sobre su hombro;
y ríe locamente pensando en el asombro
que va a tener el niño cuando los ojos abra.

Mas ya despertó el ángel y en vuelo de paloma
ha llegado hasta el duende que asustado lo mira;
y sobre el césped del jardín lo tira…
Y sonríen sus labios con sonrisa indulgente,
Mirando huir al duende con la mano en la gorra,
Entorna la ventana, suspira dulcemente
y con el ala blanca la negra bruja borra.

viernes, 14 de agosto de 2026

LA MUERTE DE DON GUIDO

Al fin, una pulmonía

mató a don Guido, y están

las campanas todo el día

doblando por él: ¡din-dan!

Murió don Guido, un señor

de mozo muy jaranero,

muy galán y algo torero;

de viejo, gran rezador.

  Dicen que tuvo un serrallo

este señor de Sevilla;

que era diestro

en manejar el caballo,

y un maestro

en refrescar manzanilla.

  Cuando mermó su riqueza,

era su monomanía

pensar que pensar debía

en asentar la cabeza.

  Y asentóla

de una manera española,

que fue casarse con una

doncella de gran fortuna;

y repintar sus blasones,

hablar de las tradiciones

de su casa,

a escándalos y amoríos

poner tasa,

sordina a sus desvaríos.

  Gran pagano,

se hizo hermano

de una santa cofradía;

y el Jueves Santo salía,

llevando un cirio en la mano

—¡aquel trueno!—,

vestido de nazareno.

Hoy nos dice la campana

que han de llevarse mañana

al buen don Guido, muy serio,

camino del cementerio.

  Buen don Guido, ya eres ido

y para siempre jamás...

Alguien dirá: ¿Qué dejaste?

Yo pregunto: ¿Qué llevaste

al mundo donde hoy estás?

  ¿Tu amor a los alamares

y a las sedas y a los oros,

y a la sangre de los toros

y al humo de los altares?

¡Buen don Guido y equipaje,

buen viaje! ...

  El acá

y el allá,

caballero,

se ve en tu rostro marchito,

lo infinito:

cero, cero.

  ¡Oh las enjutas mejillas,

amarillas,

y los párpados de cera,

y la fina calavera

en la almohada del lecho!

  ¡Oh fin de una aristocracia!

La barba canosa y lacia

sobre el pecho;

metido en tosco sayal,

les yertas manos en cruz,

¡tan formal!

el caballero andaluz.